Relato que se me ocurrió hace no mucho en mitad de un bar y, como será fácil de suponer, es completamente ficticio. Así que no intentéis sacar conclusiones extrañas ni me psicoanalicéis, que es la historia del hombre de corcho y no hay que empañar su momento.
Al hombre corcho le conocí hace un tiempo, no recuerdo cuánto, pero le vi al pobre sólo, encima de una mesa rodeado de migas y comida y tenedores y mierda. Supuse que estaría triste. No me contestó. Saqué un rotulador, le pinte un rostro triste
y metí a mi amigo en el bolsillo. Una vez en casa supuse de nuevo que sería más feliz aquí. Saqué el mismo rotulador y le dibuje una sonrisa
en la parte opuesta a la anterior. Entonces nos pusimos a hablar (él más bien escuchaba). Me dió la impresión de que el hombre corcho ni sentía ni padecía, simplemente estaba ahí sentado, enfrente mío, con una sonrisa cuando le contaba algo alegre y realmente triste cuando la historia me ponía melancólico, pero en el fondo él era muy agradecido, así que le llevaba a todas mis fiestas y le presentaba a todos mis compañeros. Le gustaba estar entre sus iguales, rodeado de botellas y, cuando yo entablaba alguna amistad con ellas, el sonreía aún más ampliamente que de costumbre. Con un cuchillo le afilaba un poquito sus piernecitas de corcho, tapaba con él a nuestro nuevo amigo y volvíamos a casa los tres entre risas. Un buen día, el hombre corcho desapareció. No supe muy bien por qué, la verdad, hasta el sábado, que pensé de nuevo en él. El hombre corcho siempre había tenido un problema: cuando hablabas con él te ofrecía una cara pero en su espalda ocultaba otra; cuando yo pensaba que él era feliz tal vez fuese triste y, cuando me compadecía de él, tal vez se estuviese partiendo de risa dentro de su cuerpecito de corcho. Así que un buen día desapareció y fui yo el que me puse triste o alegre, no lo recuerdo. Lo único que eché en falta del hombre corcho durante nuestro breve romance fue su voz, nunca habló, y es que el cabrón siempre calló por temor a disgustarme, cosa que siempre me he echado en cara.
