27 March, 2007

La bata blanca de nombre extraño

Filed under: Lights & Tales

Era la primera vez que acudía a aquella consulta. Tenía cuatro o cinco cuadros de distintos barcos y a mí nunca me había hecho mucha gracia el mar, caerme por la borda y que me comiese un calamar gigante de veinte metros. Intenté imaginarme a alguno de esos bichos enormes tragándose al patrón de un velero de la Copa América, pero la señorita nos dijo que pasásemos a la salita. Allí estaba el doctor, con su bata blanca y su nombre extraño en la solapa; la verdad que ya no sé cómo se llamaba, pero el nombre era realmente peculiar. ¿Qué es lo que le pasa al chico? - No lo sé, doctor, pero lleva unos días con fiebre - Veamos, Diego, túmbate ahí.

Así que fui derecho a la camilla, me quité la ropa y me senté sobre el metal; creo que tuve un pequeño escalofrío: todo estaba helado y los médicos nunca me habían hecho, ni antes ni ahora, ninguna gracia. Con un aparatito miró a algo o alguien dentro de mis orejas y, con otro artilugio brillante, debío escuchar cómo peleaban dentro de mi pecho; yo no lo entendía. Respira fuerte, campeón. No sabía muy bien qué debía hacer así que exageré todo lo que pude. Así, así, muy bien. Ya puedes vestirte. La verdad, no sé qué puede pasarle exactamente. Todo es bastante normal.

Pero yo sí lo sabía. Hacía dos días se lo había confesado a mi madre: mamá, no puedo dejar de estar enamorado. Mi madre entonces se echó a reír. No he encontrado nada raro, su hijo está hecho una roca. Me dieron ganas de gritarle al médico, de decirle que ni sus diez o doce años de carrera podrían servirle para diagnosticar mi mal, que qué sabría él del amor, ahí, detrás de un viejo escritorio y con un nombre tan raro. Me dieron ganas de gritarle, aún más alto, que la única explicación era que Irene me dijo que no podía ser mi novia porque yo decía muchas palabrotas jugando al fútbol. Entonces me dolió el pecho y supuse que por eso al amor le dedicaban tantas canciones. Y yo tenía sólo seis años.

El doctor selló con su tampón la segunda receta. Yo quise ser comido por uno de aquellos calamares gigantes. 

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