Parece que sí, que ha llegado la hora de despedirnos. Decían que contigo encontraría grandes compañeras de cama, decían, porque jamás vi ninguna con tus consejos. Decían también que causaba sensación cuando estaba a tu lado, pero últimamente sólo me has dado quebraderos de cabeza y una mala noche, la de ayer. Prefiero sacrificarte: estar contigo me engorda no sólo el alma, también el cuerpo y otras cosas; ahora me cuido. A tu lado todas se contagian de tu belleza, pero te digo adiós, mi rubia. Me da pena; escribo esto y siento lástima. Lástima por tener que despedirme en estas condiciones pero, como te he dicho, me has quitado más de lo que me has dado. Si acaso, un día de estos te llamaré y nos veremos, supongo, para escribir algo, pero de momento no, mi rubia. No pienso volver a beberte.
