Que no se diga; ya he leído algo más de él, ya puedo asistir a recitales en su honor sin sentirme extraño.
No pienso hacer un análisis de estos Cuentos, por internet habrá decenas de ellos. Me gustaría cetrarme en una de las historias, podría decirse que de amor sincero, que ocupan el volúmen. No se sabe bien por qué algunas veces te ves atrapado en el interior de un libro, sus personajes, te ves tú mismo sentado en el hospital esperando a que la mujer del protagonista, tu mujer, salga adelante, o no. No se bien por qué se dan esas situaciones; algo así como un microuniverso (toma ya) en el que te encuentras totalmente a gustito contigo mismo y lo que lees; lo exterior no tiene tanta importancia.
Así que, si habéis leído la historia de la entrada anterior tal vez hayáis sentido esa sensación. Seguramente no; a cada cual le viene con lo que menos espera: una maldita bolsa agitada por el viento, un pedo disimulado que se tira el amado con una sonrisilla de y ahora te lo comes, jodío, o un estar al sol, esperando a algo.
Destaco especialmente estas frases:
Entonces extraje la libreta y empecé a escribir esto, para leérselo a ella cuando estuviéramos otra vez en casa, para leérmelo a mi cuando estuviéramos otra vez en casa. Otra vez en casa. Que bien sonaba.
Otra eternidad y sonaron las doce. Si pasa de hoy. Y había pasado. Definitivamente había pasado y seguía respirando y me dormí. No soñé nada.
Ya sólo por eso merece la pena.
