28 February, 2007
Dieciséis historias, dieciséis directores y otros tantos actores (unos muy conocidos y otros menos), con París como telón de fondo. Como en estos casos hay historias mucho más destacables que otras pero, de entre las que me llamaron la atención, hubo dos que lo hicieron especialmente. Una de ellas, mezcla de imágenes rápidas y voz en off un tanto poética, consiguió lo que pocas veces me había ocurrido: meterme completamente dentro de uno de los personajes. Sólo por eso, diré que para mí mereció mucho la pena. Espero que disfrutéis también de un París no tan tópico (durante la mayor parte de la película) y ñoño, más allá de aquel de la ciudad de la luz, del amor y de la bohemia.

El libro lo compré casi a ciegas, sólo había leído una pequeñísima reseña en un diario gratuito hace unos meses y, para qué engañarnos, im-prezionante. Creía que Dahl sólo se dedicaba a escribir cuentos para niños (investigando hoy ya he salido de mi error) así que, cuando leí el pequeño resumen de la trama, tuve que asegurarme de que se trataba del mismo Dahl que pensaba.
En forma de diario autobiográfico, se nos cuenta la historia de Oswald, uno de los mayores fornicadores de todos los tiempos que, de forma un tanto casual, se entera de la existencia de un potente afrodisíaco en forma de polvos de una clase de escarabajo localizado en una parte concretísima de Sudán. Hasta allí se embarca y se hace con una buena cantidad de material, el cual, vende a personalidades por Europa.
No contento con ello, junto con un profesor que le confía el secreto de la conservación del esperma y una potente amiga, deciden crear un banco de semen de las personalidades más destacadas de la época. Empezando por Alfonso XIII y siguiendo por Proust, Puccini, Freud, Picasso, Einstein y una larga lista más, vemos como las situaciones son cada vez más rocambolescas para derivar en un final (que lógicamente no voy a desvelar) de esos que te arrancan un ¡toma ya!
Lectura recomendadísima.

25 February, 2007
Bajo este archiconocido título se esconde uno de los libros más duros de leer (por aburrido) que me he echado en cara últimamente. Una historia que casi todos conocemos, buena pero, en mi opinión, mal llevada. La escritura de Wilde en este libro destaca por ser absolutamente pedante; que uno de sus protagonistas esté soltando comentarios ingeniosos a cada intervención y que el otro le responda con filosofadas trascendentales sobre la belleza y el alma hoja sí y hoja también, hace que a uno se le pasen las ganas de continuar leyendo. Si a eso le sumamos que el capítulo central, en el que se narra el salto cronológico del Gray adolescente al madurito, es lo más petardesco que he leído en años, hacen que este libro se convierta en un bonito envoltorio con un contenido empalagoso.
No lo recomiendo.

24 February, 2007
Resulta que ayer, por fin, aprobé mi némesis de segundo, las ecuaciones diferenciales, por la puerta grande. Resulta que, al llegar a casa, veo que, por fin, también ha llegado mi disco de Solefald. Resulta que ayer teníamos un concierto y, lo que iba a ser un día cuasi perfecto, se quedó en eso, un día de locos.
Por resumir un tanto la historia, dos tipos de otro grupo han currado a nuestro batería. Después de hacer papeleos y gestiones, decidimos dar el concierto; nuestro batería, mezcla de negro zumbón de esos a los que pintan con betún la cara y mezcla del feo de Star Trek, con la mano totalmente hinchada, hizo un concierto de esos grandes, pero grandes.
Al terminar, además de recoger todo el asunto, tocó ir a comisaria y al hospital a hacer un parte de lesiones y, ya sobre las cuatro de la mañana, me fui a la cama a pensar cómo se había torcido el día. Cuando iba a llegar a las partes malas debí quedarme dormido; me he levantado todavía con una sonrisilla estúpida.
Mis sentimientos los describe la imagen:

19 February, 2007
Anoche, después de ensayar, quedé con un amigo para tomar una cerveza y hablar de nuestro devenir. Lo que en un principio pudo comenzar como la enésima conversación sobre black metal noruego del estilo Carpathian Forest, termino en una charla un tanto más… ¿profunda? acerca de su estado de ánimo. A decir verdad, yo no dije realmente mucho (mi cerveza se terminó el doble de rápido que la suya), pero es que tal vez tampoco tuviese mucho que decir, simplemente escuchar. Parece ser que la charla sirvió para algo y todo fue algo mejor en su pequeña cabeza, lo cual, me alegra.
De todos modos, no siempre alguien te dedica una obra; aunque no sea el enésimo best-seller que pone en entredicho la supremacia de la iglesia católica o tenga la calidad de un Auster del Carrefour, el valor que tiene, por lo que supone de autobiográfico y el haberme hecho partícipe en su juicio, es muy superior.
Como no voy a hacer una entrada tan moñas: \m/ Stay Metal! \m/
15 February, 2007
No me refiero a casos tan peliculeros como salvar a un país tú solito con la única ayuda de partir cuellos con los talones; o ser el feo y sin amigos que, gracias a su gran corazón, consigue ligarse a la reina del baile por encima de Rudy, el todopoderoso capitán del equipo de fútbol; o aquel que tras encontrar al ser más maravilloso de la existencia logra que todo vaya bien y, que cuando lleva una relación de unas dos o tres semanas en la que ha ido a patinar a Central Park, de compras, paseado al perrito miniatura de la amiga y demás cosas de enamorados, discute y suena música triste en su cabeza mientras ambos contemplan la luna, para arreglarlo todo al final y que podamos terminar de verles con una sonrisilla en la cara.
No, no me refiero a ese tipo casos peliculeros. El mío más bien sería el de la leyenda que te transmiten de que un chaval, en no se qué universidad en no se qué año, hizo la machada de contestar ¿y por qué no? a una pregunta que empezaba con un por qué. El caso es que yo mismo, sin tener mucha idea de una asignatura probé suerte. Lo que en un principio me pareció una idea sublime fue degenerando hasta pensar que menuda metida de pata, macho. El caso es que en lugar de responder a Ensayo sobre comercio internacional le conté lo que me había parecido la asignatura y su forma de dar clase.
Hoy, por fin, fui a la revisión y el tipo sabía mi apellido. Con una sonrisa me ha dicho siéntate y ponte cómodo. En una conversación pseudofilosófica con un profesor, la segunda que tengo en veintidós añitos de existencia, me ha dado a entender que mi examen era de los que más le habían impresionado y, sin lugar a dudas, el mejor de esta convocatoria. Además de eso, me ha felicitado por la forma de exponer mis argumentos y mi valentía.
¿Dónde está el problema? Bueno, cuando ya me creía con la cámara girando sobre mi cabeza con un esmóquin fosforito y con las luces de la fiesta apuntando directamente a mi tupida cabellera, me dice que mi 1 de nota final es inamovible. Zas, un pásate la semana que viene por mi despacho, que haremos un examen oral me consuela.
Algo es algo.
Pues sí, parece mentira; después de llevar varios años descatalogado me encuentro con que un tipo lo vende nuevo, sin abrir. Siendo uno de mis discos favoritos no he podido resistirme, aún siendo el dinero considerable. Y que nadie se atreva a llamarme millonetis, so burgueses…

14 February, 2007
Supongo que a todos nos habrá pasado eso de estar llegando al final de un libro y no querer que este termine. Hablando poéticamente se podría decir que a uno le apena el desprenderse de esos amigos a los que ha estado acompañando, ficticiamente, durante tantos días en sus aventuras pero, como no somos muy poetas, digamos que hay más libros que leer que días tiene nuestra vida (olé), y no podemos quedarnos estancados.
El caso es que estos papeles póstumos tienen un aire inteligente y novedoso. No comenzaré a decir que refleja las costumbres de la aristocracia y el pueblo llano de los contemporáneos de Dickens, bla, bla; para eso ya hay unas cuantas reseñas en la red, pero sí me gustaría remarcar el hecho de que el libro parece escrito por un autor actual con un lenguaje, digamos, moderno. De esta forma, lo que narrado por otro autor podrían ser las aventuras de cuatro burgueses recorriendo Inglaterra se convierte en un libro crítico, aventurero, con amor y escudero, y con unos personajes que, aún dos siglos anteriores a nosotros, nos pueden seguir resultando familiares.
Desde aquí recomiendo su lectura aunque vuestras articulaciones os digan lo contrario. El mamotrético tomo tiene sus más de mil hojas pero, realmente, merece la pena.

11 February, 2007
Sí, no sé muy bin por qué, pero en una época en la que la gente lleva al cuello argollas, pinchos de distintos grosores, plastiquetes que simulan tatuajes, tu nombre en falso oro, diversos santos y santas, máscaras de buzo y demás chuminadas, se agradece ver todavía a muchachas con collares. No me refiero a aquellos que bien podrían pertenecer a tu abuela, pero sí algunos discretitos. Supongo que cada cual tendrá sus fetichismos, y a mí particularmente me gustan los que son largos y con cuentas. Olé.
Y dad gracias de que no hable de los tangas de perlas o similares.

Editando, que es gerundio:
